Así habló Kamasustra

ombligo espacio-temporal

De la pasión subjetiva hacia el ombligo espacio-temporal 

Naturalmente navegando por las redes sociales veo una clara tendencia en los usuarios: opinar sobre todo, cualquier tema.

Situación que no solo sucede en el ámbito digital, sino también en los demás medios de comunicación, tales como la radio o la televisión. Lo que me lleva a pensar que o convivo en una sociedad habitada por eximios conocedores de la cultura general, o más bien que convivo en una sociedad habitada por repetidores crónicos de opiniones ajenas.

La primera posibilidad no la descarto, aunque me parece poco probable, ya que si fuese así, no habría tanto debate, y a la primera opinión, todos los eruditos llegarían a un acuerdo lógico gracias a su conocimiento. Conocimiento que el mismo Sócrates, (Sí, Fucking  S O C R A T E S) afirmó desconocer.

Entonces, me queda pensar en la segunda posibilidad, la cual si la relacionamos al fervor que muchas veces tienen los comentarios, me hace automáticamente relacionar al comentador, -u “opinologo” podríamos decir tambien- con lo pasional. Ya que hoy en día opinar rara vez es un intercambio de ideas, sino que nos vemos inevitablemente arrastrados a competencias de quien la tiene más larga, es decir, sexo, pasión.

Pero, ¿qué es lo pasional?

Investigando un poco veo que la etimología de la palabra pasión proviene del latin passio (sufrimiento) derivado de passus, participio perfecto pasivo de patior (sufrir). Por lo tanto, lo pasional sería sufrir o padecer.

Pero entonces, ¿en qué sentido se relacionaría lo pasional con el placer?

Por ejemplo cuando decimos “siento pasión al leer, al escuchar música, etc.? ¿Estamos sufriendo y disfrutando de la actividad? Suena masoquista.

Y en parte es así, ¿o no?

¿No les gusta ver un partido de X deporte en el que va perdiendo su equipo y al último minuto da vuelta el marcador y gana? ¿O leer una novela en la cual el héroe sufre terriblemente superando obstáculos hasta último momento, hasta que finalmente puede resolver el conflicto que lo aquejó desde un principio?

Mi profesora de Guión I sostenía una conclusión no muy alejada de lo pasional:

Lo que nos hace gozar de la película, tanto como lo que motiva al protagonista es una sola cosa: El dolor.

Es decir que lo que más disfrutamos y nos gusta, es ver sufrir al protagonista. Que no consiga las cosas ni fácil ni rápido.

Ésto no es casualidad.

Y todo me lleva a pensar que es un sentimiento meramente cristiano. Sí,  C R I S T I A N O. Y relacionado directamente con “La pasión de Cristo”, es decir, la preparación de Jesús a morir martirizado, sabiendo que iba a resucitar y ser salvado por su padre, o mejor dicho: “Dios”.

Pero -dentro de lo posible- seamos objetivos: nosotros no vamos a resucitar luego de decir una boludez sin sentido. Entonces, ¿por qué ser kamikazes al pedo? ¿y cómo relacionamos esta necesidad de sufrir pensando que al final vamos a ser salvados por dios (nuestro padre) en términos de opinar sin saber?

Acá está el tema, tenemos que hacer una analogía, una comparación:

si para Jesus, su padre, Dios, lo iba a salvar del sufrimiento, a nosotros ¿quién nos va a salvar del sufrimiento de nuestras opiniones? -y Obviamente que no todas nuestras opiniones provienen de nuestros padres-

Entonces ¿como se relacionaría?.

Simple: mímesis, imitación.

Acá viene el tema de repetir opiniones ajenas como propias. El proceso inconsciente de tomar a una persona que da una opinión que uno cree que habla con “la verdad” y creer que ésa es la opinión correcta.

Pero el tema es cómo saber si esa opinión está basada en un conocimiento previo sobre el tema, o simplemente nos gustó por el tono o por el aspecto o por vaya a saber qué de la persona que la emitió.

Pienso en un factor:

Poder de convencimiento relacionado con el concepto de psicología freudiana del “superyo”.

Es decir con la figura paterna interna, la que nos dice “Esto está bien”, “Esto está mal:

La imagen que tenemos de nuestros padres.

Figura que la estaríamos relacionando con la imagen que vemos en cada persona que consideramos coherente o incoherente.

Y si fuese de esta manera, claro está que llevada al otro extremo, también funcionaría a la inversa:

Si por ejemplo, uno odiase a sus padres y una persona tuviese opiniones similares o algo que nos remita a ellos (un perfume, una mirada, etc) automáticamente se pasaría a odiar a la persona.

Entonces en una sociedad, en una cultura claramente influida por el cristianismo, nos encontramos con éstos fenómenos.

Pensémoslo bien: La sociedad se convirtió vaya a saber cuando en una imagen de la biblia.

No nos costaría mucho estar un rato en la calle y relacionar cada personaje con uno bíblico: ahí va el traidor (Judas), ahí va el chorro hijo de puta ese (Barrabás), etc. ¿O no?

Bueno…

Me fui un poco de tema.

Retomando:

Entonces, la imitación estaría ligada fuertemente a la necesidad de opinar.

Pero ¿opinar para qué?

Fácil: Si imitamos a gente que inconscientemente relacionamos con nuestros padres, entonces el motivo de replicar sus puntos de vista nos lleva a una simple conclusión para ambos casos:

Imitamos y opinamos por un solo motivo: Para buscar la aceptación de nuestros padres.

¿Tan simple como eso? ¿Cómo puede ser?

Tan simple como eso.

Y acá volvemos a la biblia. ¿Qué es lo que el ser humano busca encarnadamente con toda su furia? Claramente la felicidad.

¿O me vas a decir que vos no querés la felicidad?

Y en la biblia al principio ¿no éran todos felices, tenían todo lo que querían, comían todo lo que querían, etc. etc?

¿Y donde vivían?

En el Jardín del Edén.

Pero ¿qué pasó? no le hicieron caso a Dios (¡El padre!), entonces éste los castigó, quitándoles la posibilidad de vivir en el Edén, por lo tanto la posibilidad de ser felices.

¿Entonces, para que querríamos la aceptación de nuestros padres?

Para ser felices.

Y al final de cuenta ¿para que opinamos sin saber?

Algo más que esto tiene que haber…

Acá surge otro tema.

Y es que la respuesta a opinar sin saber tiene que ver justamente con el histeriqueo mismo del masoquismo y la felicidad:

Nos mandamos cagadas para paradójicamente saber más.

Porque bien lo dice una frase antigua: “Quien nunca se equivoca es porque nunca hace ni dice nada” (o algo así)

Entonces si nunca actuásemos ni dijéramos nada, nunca tendríamos la posibilidad de ser juzgados por nuestros padres y aprender de sus lecciones (educación formal) y castigos (las leyes, el sistema judicial).

La cuestión a todo ésto igualmente es otra. Porque si en el edén supuestamente eran felices, ¿para qué sucumbieron a la tentación?

Sí, ya se, para saber más…

Porque Dios les dijo que no comieran la manzana, pero no les dijo porqué no, y ellos de todas maneras eran curiosos, querían saber.

Y entonces me querés decir ¿por qué puta creó seres con la necesidad de cuestionarse, si al fin y al cabo, ésto iba a suceder?

Y acá viene otro tema mucho más jugoso: ¿Para qué queremos saber más?

Obviamente que para igualar a Dios, (¿Para qué más?)

Porque supuestamente estamos hechos a imagen y semejanza de ésta entidad.

Pero no solamente nosotros, sino cada ser del universo.

Y me pregunto, ¿qué tan lejos estamos de convertirnos en Dioses?

Desde la mirada de nuestras mascotas somos Dioses ¿o no?

¿No venía por ahí el tema de querer tanto a los perros?

Tan “fieles” ellos. “Traeme la pelotita”, “Dame la patita”, etc.

Títeres.

Al final eso es lo que queremos. ¿Nunca lo pensaron?…

Pero ahora díganme ¿qué pasa si el animal nos mordiera y no nos diera pelota?

“¡Ah no! ¡Que perro de mierda!”… “Súper desobediente, me caga en cualquier parte, me rompe las zapatillas, ladra a cualquier hora”, etc.

¿Y qué es la educación al final? ¿Para que nos sirve?.

Ese es otro tema…

Pero mientras, los avances en prótesis robóticas, biotecnología y nanotecnología avanzan y avanzan.

No hay día que no escuche una noticia sobre eso: Que imprimieron una tiroides con células madres, que hicieron un implante de extremidades que se manejan con ondas cerebrales, que permitieron sintetizar la hormona de ésto, de aquello…

Hay que aceptarlo.

Al final de cuenta nos vamos a convertir en cyborgs. No es joda.

Y cyborgs con poderes telepáticos.

Porque la telepatía está a la vuelta de la esquina.

Hoy en día, existe un movimiento tecnológico que se ve cada vez más, se llama la “Internet de las cosas”. Este fenómeno implica que cualquier artefacto que nos rodea va a estar conectado a internet.

¿Pero cómo puede ser? se preguntarán.

Sí. Por ejemplo la heladera nos va a mandar un mensaje cuando estemos en el supermercado recordándonos: “Che, gil, cuando pases por la góndola de los huevos, comprate un par que ya no te queda para la semana”

o el lavarropas: “Eu, salame acordate de comprar broches”… por ejemplo.

¿Y después que viene?

La inteligencia artificial.

Los avances en el campo en los últimos tiempos son apabullantes.

O esperanzadores, dependiendo la óptica desde que se los vean.

Y sí…

¿Qué se piensan que son Siri o Cortana? Hoy en día les decimos asistentes. Mañana va a ser como “Her” (Película de Spike Jonze) y hasta quizás nos enamoremos de eso.

Porque al final de cuentas ¿qué va a significar ser humanos? Y hoy mismo,  ¿qué es lo que nos hace humanos?

Si el día de mañana vamos a estar llenos de injertos hechos en laboratorio que no van a variar en absolutamente nada con lo que es lo natural…

Si ya conocemos el genoma humano. Conocemos el adn. etc, etc.

Entonces, cuando ya todo nuestro cuerpo esté renovado cada tanto por componentes creados por nosotros mismos, ¿qué es lo que va a quedar de nosotros?

¿La conciencia? ¿El alma?

¿Y qué es lo que nos hace ser quienes somos?

Porque al final imitamos todo. Hasta nos imitamos a nosotros mismos replicándonos y clonándonos.

Existe un término muy interesante que ya resuena, pero que va a resonar cada vez más en los últimos tiempos: La singularidad tecnológica.

Se trata de que estamos yendo muy lejos. Tan lejos que ni siquiera nosotros mismos podemos preveer que mierda va a pasar…

Es decir, hoy somos humanos, mañana vaya a saber qué…

Y éste concepto se llama así justamente como una analogía a la famosa “Singularidad espacio-temporal” que sucedería al entrar en un agujero negro.

O sea, nos estamos llevando hacia un agujero negro. Qué habrá adentro de él, aún no lo podemos saber.

No se confundan, aquí se encuentra el fantasma de lo que consideré apropiado al momento de escribirlo. No soy yo, sino quien tal vez fui.

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